Mi Vida
David Clares
Nací en octubre de 2008, en El Puerto de Santa María, una pequeña ciudad al sur de España. Mi madre siempre ha trabajo en tiendas de cara al público y mi padre era fotógrafo de motociclismo. La familia por parte de mi madre es de Sevilla, y la familia por parte de mi padre es de Almería. Fui hijo único que siempre he tenido una familia que me ha ayudado y apoyado en todo.
Desde pequeño, estuve estudiando en el colegio Espíritu Santo, exactamente desde los cuatro años hasta terminar el ciclo de secundaria obligatoria. Debido a esto, fui una persona poco social, que no quería conocer a más nadie, me conformaba con mis amigos del colegio. Yo era un chico muy estudioso que sacaba buenas notas, pero que no tenía un buen hábito de estudió, es decir, estudiaba un día antes. Esto en un futuro me pasaría factura.
Empecé a jugar al fútbol desde muy pequeño, apenas seis años, con el sueño de llegar a ser futbolista profesional. Era portero, y tuve una época muy buena que hasta El Real Betis Balompié me llamó para hacer las pruebas. Estuve en muy pocos equipos, principalmente el Racing Club Portuense durante 8 años, acompañados de los mismos compañeros, hicimos un grupo muy bueno hasta que algunos decidieron irse del equipo. A partir de ese momento, a nivel futbolístico empecé a empeorar, ya no tenía la misma motivación de siempre. Pero me ayudó a comprender más la vida y entender que todo no es siempre bonito.
El último año de mi vida practicando fútbol, decidimos que todos los compañeros antiguos volviéramos al mismo equipo. Fue un año increíble para despedirme de lo que más amaba y feliz me hacía, practicar fútbol en la mejor compañía. A partir de ahí, me apunte al gimnasio, ya que yo era un chico muy deportista y no iba a dejar de practicar deporte.
En 2024, mi vida dio un giro inesperado, comencé bachillerato en el IES Santo Domingo. Estaba muy nervioso y tenía mucho miedo, ya que como dije antes era poco social y me costaba adaptarme a nuevos escenarios. Me apunte a la rama tecnológica ya que quería ser arquitecto, pero no lo tenía del todo claro. Por suerte, hice un grupo muy bueno de amigos nuevos.
Primero de bachillerato fue un año muy duro para mí, ya que debido al mal hábito de estudio, baje el nivel de mis notas. Pero finalmente acabé sacando el curso adelante. Siempre estuve acompañados de mis amigos y mis compañeros que me ayudaban en lo que necesitara. Este mismo año conocí a la persona que me acompañaría el resto de mi vida, gracias a un compañero mío de clase que me la presentó.
En segundo bachillerato, conseguí mejorar mi hábito de estudio, por consiguiente saqué buenas notas tanto en bachillerato como en las pruebas de acceso a la Universidad. Que necesitaba buena nota para acceder a la carrera que quería.
Una vez terminado este ciclo, me fui a estudiar a la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla. Fue un gran cambio para mí, vivir solo por primera vez, tener que hacer las tareas de la casa yo solo, etc. Además, a nivel de estudio, fue increíble el cambio, para mí, no se parecía en nada a bachillerato. La carrera no fue fácil. Fue intensa, exigente, y muchas veces frustrante. Hubo noches sin dormir, maquetas que no me aguantaban, y críticas duras en las correcciones por parte de mis maestros. Pero también hubo descubrimientos, profesores que me inspiraron y pocas amistades que aún conservo.
Durante los seis años que duró mi formación, aprendí, a parte de diseñar edificios, aprendí a observar el entorno, a entender y respetar el patrimonio. Una vez terminada mi carrera universitaria, decidí mudarme con mi pareja en nuestra ciudad natal, ella trabajaba en Puerto Real y yo conseguí entrar en un buen trabajo en Cádiz.
Mi primer trabajo fue en un estudio de Cádiz pequeño, pero muy activo en proyectos de rehabilitación en el casco histórico. me quedé muy alucinado ya que cada obra era un mundo con siglos de historia. Participé en la restauración de una antigua casa palacio y colaboré en un proyecto de viviendas en el casco históriuco de Cádiz.
Con los años, decidí emprender y abrir mi propia empresa: Clares Arquitectura, centrado en un diseño sostenible de edificios.
A medida que mi empresa fue creciendo. Empezamos con encargos pequeños por la provincia de Cádiz: reformas, viviendas , locales comerciales. Pero poco a poco nos fuimos haciendo más famosos por nuestro compromiso y nuestra imaginación. Conseguimos llevar nuestra empresa a lo más alto, y fuimos la empresa encargada de restaurar el gran Teatro Falla, que se había derrumbado meses anteriores.
A lo largo de los años, también empecé a dar algunas charlas en escuelas técnicas y encuentros de arquitectura joven. Me encantaba poder inspirar a estudiantes que, como yo en su momento, dudaban de si este camino era para ellos.
Por otro lado, seguía amando a mi pareja como desde el día uno, y decidimos casarnos y formar una familia que fue un paso importante, tuvimos un hijo que lo llamamos Lucas. Compartimos una vida sencilla, cercana, llena de amor y sueños. A ella le encantaba viajar, y debido a que económicamente no estábamos mal, decidimos viajar por todo el mundo, con experiencias inolvidables junto a ella.
Con el paso del tiempo me compré mi propio coche, lo que hizo que pudiera visitar más a menudo a mi familia, la que me apoyó tanto desde pequeño. Además me mudo con mi pareja a una casa en El puerto cerca del mar. También, conseguí conocer en persona a mi cantante favorito que me llevaba gustando desde que era niño, que por suerte estuve compartiendo palabras con él durante un buen rato.
Una vez envejecí, Clares Arquitectura siguió funcionando, aunque yo ya solo participaba desde la distancia. En casa, mi vida seguía transcurriendo en calma. Mi pareja y yo habíamos envejecido juntos, acompañándonos en cada etapa. Recuerdo que durante los últimos años me dio por volver a caminar por mi ciudad natal, El Puerto de Santa María. Me gustaba pasear por la ribera, sentarme en bancos al sol. Volví al campo de fútbol donde había jugado de niño, ya convertido en otra cosa, pero aún lleno de recuerdos. A veces, me encontraba con antiguos amigos, o con personas que me decían que vivían en una casa que yo había diseñado.
Fui abuelo a los ochenta y tres años, pero mi salud fue empeorando poco a poco. Fallecí a los noventa y un años. Lo hice con la certeza de que había vivido como quería vivir, con pasión. Mi historia no fue extraordinaria en cifras, pero sí en afectos. En cada ladrillo, en cada dibujo, en cada persona a la que toqué sin saberlo, queda una parte de mí.
Miro atrás con orgullo. Siempre fui constante. Siempre fui fiel a lo que sentía. Ser arquitecto no fue solo una profesión; fue una manera de entender el mundo, de aportar algo a él, de construir con sentido.
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